Los castigos desde la perspectiva de tu hijo – ¿Qué es lo que realmente aprende?

 En Blog, Education, emotraining, Hijos

Prohibido desde hace muchos años en la escuela y convertidos hace poco en delito hasta dentro del hogar, los castigos probaron no servir de nada en lo que respecta a la educación de los niños y, como si esto fuera poco, se ha comprobado que destruyen la relación de confianza y el vínculo paterno y materno-filial.

¿Qué es lo que ha hecho que se sustituyeran los bofetones por la exhortación a “pensar un rato”?

Descubre qué sucede en el niño cuando lo castigas.

¿Qué perciben nuestros hijos al ser castigados?

La mente de un niño no se encuentra preparada para recibir castigos. El pequeño los asocia directamente con padres malvados que no lo quieren. Cada vez que castigas a tus hijos estás sembrando en su sistema emocional lo siguiente:

  • Injusticia
  • Miedo
  • Inseguridad
  • Que el adulto ejerce su poder porque puede
  • Que prevalece la ley del más fuerte

¿Qué “aprende” el niño al ser castigado?

A reprimirse por temor: Si después de castigar a tu hijo observamos que la conducta indeseada desaparece, ni remotamente creas que ha aprendido el por qué no debe manifestarla. En definitiva, el niño aprende a ser sumiso. Es muy diferente evitar un comportamiento por temor a ser reprendido, castigado o golpeado, que evitarlo porque se entiende que esa conducta podría implicar un peligro, un perjuicio o atenta contra los derechos de los demás.

Incapacidad para gestionar sus emociones: El castigo es la fórmula perfecta para que el pequeño pierda la conexión con sus emociones y, por ende, para que cada día pierda más el rumbo de cómo actuar en su día a día.

Que el error es malo: El error es parte de todo ser humano y en todas las etapas de su vida. La paradoja es que, como adultos, estamos incurriendo en un gravísimo error al castigar a nuestros hijos por sus errores. El resultado es que el niño aprenderá que el error es malo, algo que le garantizará una baja autoestima y una nula tolerancia a la frustración.

¿Y qué sucede con el “sentarse a pensar”?

Contrariamente a lo que por años se ha creído, el sentarse a pensar es también una técnica punitiva. El niño no posee las herramientas cognitivas para poder pensar acerca de lo que ha hecho si no hay un adulto que lo acompañe y que lo guíe en el proceso. Por otra parte, se encuentra la ira y la frustración que el pequeño siente en esos momentos. Estas emociones se convierten en las enemigas principales de todo niño que intenta salir del círculo negativo en el que ha entrado.

¿Cuál es la solución?

Queda claro que ni castigos, ni golpes, ni gritos, ni “ir a pensar,” solucionan la conducta inapropiada de los niños. La solución radica en un acercamiento cálido y cariñoso, mediante el cual el niño reciba las explicaciones de por qué no debe actuar de determinada forma.

Por último, nunca deben faltar los límites que todo adulto debe establecer en el comportamiento de sus hijos.

Si quieres aprender cómo poner límites de manera efectiva y sin lastimar, ¡Dejame un comentario!

Con Amor,

María José Patino

Post recomendados

Escribir un comentario

0