
“Distánciate de la palabra ganar y todo lo que ello conlleva”
Puede que te parezca contradictorio y una verdadera locura lo que te estamos proponiendo, pero las locuras son buenas y nosotros te invitamos a experimentarlas.
Ganar por medio del distanciamiento es un concepto que puede desconcertar y desanimar a las personas que identifican el distanciamiento con indiferencia o pasividad. Sin embargo, para ganar debemos distanciarnos del triunfo. Algunos deportistas describen el distanciamiento en otros términos, por ejemplo “estar centrados” o “quitarse el miedo”. En última instancia, todos implican desarticular el EGO.
[Tweet «Herramienta emocional para #deportistas: Para #ganar debemos distanciarnos del #triunfo»]
El ego siempre busca la aprobación exterior, necesita la victoria y se siente abatido sin ella.
En todos los deportes hay un mundo de diferencia entre el rugido de las gradas y el silencio de un vestidor solitario. ¿Esto no debe importarle a una persona espiritual? ¿Es suficiente estar en paz con uno mismo, sin importar el resultado del juego? Si esto fuera cierto, nadie jugaría; todos buscaríamos apacibles retiros espirituales y nos dedicaríamos a meditar.
El triunfo puede ser una experiencia espiritual, pues no sólo satisface al ego. Cualquier experiencia alimenta el alma.
El triunfo puede ser dulce o amargo, la diferencia reside únicamente en lo que pasa adentro. El alma desea experiencias dulces, pero aprende de las amargas.
Conforme avanzamos atraídos por estos dos polos, crecemos espiritualmente.
Cuando apreciamos el drama emocional en el cual se desarrolla cualquier deporte, podemos comprender por qué éste llega hasta el fondo del alma.
En cualquier momento, la derrota puede soltarse de la misma manera que la victoria puede entrar en escena.
El juego entero es como la vida reducida a su esencia.
[Tweet «Lograr la armonía entre el ego y el alma es uno de los objetivos principales de la espiritualidad»]
Llevar esto al terreno deportivo nos dará la perspectiva necesaria para nunca olvidar quién eres y qué quieres hacer en tu vida. Objetivos estos muchos más grandes que una victoria o derrota puntual.
Las alegrías más grandes de la vida suceden cuando las experiencias internas y externas están en armonía.
Y recuerda: ten cuidado de no llegar el primero y darte cuenta de que no era al lugar adecuado.
Pruébalo, si está bien para ti, incorpóralo a tu vida y sino sigue experimentando. No todo lo que compartimos es para todo el mundo, y tampoco esperamos “llevar la razón”, tú eres quien sabe mejor qué cosas aportan valor a tu vida, ¡no dejes que nadie decida por ti!



